miércoles, 24 de noviembre de 2010

¡San Antonio, protege el Bisonte!


Los japoneses no tienen ni idea de lo que son las anchoas de Santoña. Ni les suena de nada los sobaos pasiegos. Tampoco reconocen el nombre de nuestro presidente. Incluso son incapaces de situar en el mapa de España a Cantabria infinita.

La segunda potencia económica del mundo y protagonista de una cultura milenaria tiene un impresionante Museo Nacional del Arte. Es el museo más antiguo y más grande de Japón. Está localizado en el Parque Ueno, en Tokio, y alberga una extensa colección de más de 110 mil objetos de valor arqueológico y artístico de varias eras de Japón y otros países. Y en aquel museo, en lugar destacado, marcando el inicio de lo que es un recorrido por la historia del arte de la humanidad, aparecen las pinturas de Altamira, como símbolo universal del despertar del Hombre a todo lo que es cultura.

Ocultas y protegidas en las cuevas de Altamira, las pinturas han resistido 15.000 años todo tipo de avatares geológicos y humanos, constituyendo un Patrimonio de la Humanidad asombroso. “Parecía que las rocas bramaban….. Mugían solos, barbados y terribles bajo una oscuridad de siglos.” escribió Alberti, impresionado después de contemplar los bisontes dibujados en la gruta.

En los últimos años, el trasiego de visitantes por el interior de las cuevas alteró el microclima de estas, elevando la temperatura, y haciendo proliferar bacterias y hongos que atacaron las pinturas, y pusieron en riesgo su conservación.

Las Cuevas de Altamira se cerraron definitivamente a las visitas 2002, en una decisión responsable que pretendió preservar para las generaciones futuras el tesoro legado por los primeros artistas habitantes de Cantabria.

Así estábamos cuando el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a petición del Patronato de Altamira, realiza en este año 2010 un informe que concluye desaconsejando de manera rotunda que las cuevas se reabran, ni siquiera a pequeños grupos de visitantes, porque no podría garantizarse la supervivencia de las pinturas.

Y se organiza en la región el gran debate: Altamira debe abrirse al público sí, o sí. Opinan algunos que “cerradas a los visitantes ¿para que nos sirven?”, dando por hecho que todo aquello que no pueda ser explotado con carácter inmediato carece de valor. ¿Para que nos sirven las dunas de Liencres, si no se puede pisar su vegetación, ni utilizar su arena para argamasa? ¿Para qué nos sirve Oyambre, si no podemos urbanizar o levantar hoteles en sus terrenos?.

A la vista de la firmeza del Ministerio de Cultura, que apoyándose en los expertos del CSIC se resiste a que se pongan en riesgo las pinturas con la apertura de las cuevas, se somete a discusión pública una segunda opción: que puedan ser visitadas por un reducido número de personas. Un selecto club de elegidos, y el resto, hasta cinco al día, por orden de inscripción. El razonamiento es el siguiente: si las pinturas no tienen asegurada su conservación, “primero están los que viven ahora”, aunque nos las carguemos seguramente en menos de cien años. Damos por hecho que Obama será uno de los visitantes elegidos. El Papa, que a lo mejor genera algo más de polémica, podría ser otro. Y el resto ya se verá, según convenga. ¿A quién?. Los demás, cántabros de a pié, por riguroso orden de inscripción, y que a una media de cinco al día les llegaría el turno, a los últimos de los que ahora se apunten, en unos 274 años. Demasiado tiempo, porque incluso conservando tantísima paciencia y salud, entonces ya no habrá pinturas rupestres que admirar.

A esta vertiginosa altura habíamos llegado discutiendo la gestión sostenible de los recursos del patrimonio cántabro, cuando hace su aparición en escena la Cofradía Regional de la Adoración Perpetua para arrojar luz sobre el tema, y de paso, revelarnos su visión del concepto de Patrimonio de la Humanidad: como el “prao” es cántabro, y las cuevas y pinturas están en él, solo los cántabros podemos decidir que hacemos con ellas. Por tanto, que nos entregue inmediatamente el Ministerio de Cultura las competencias que aún tiene sobre Altamira, que aquí nos bastamos solos.

Confiemos que no proponga lo mismo el Ayuntamiento de Santillana, o la Junta Vecinal, porque a lo mejor resulta que el “prao“ es más suyo todavía.

Además de esta universal visión de Altamira, la Cofradía nos desvela las ocultas intenciones del Ministerio de Cultura: quieren hacer de las cuevas “un cortijo exclusivo del Estado”. ¡Acabáramos! Si con decir que son de Madrid y que nos tienen envidia lo hubiéramos entendido a la primera. ¡Que ya conocemos el contubernio que hay montado ahí fuera en contra nuestra!

Así que dado el panorama que se divisa desde Cantabria infinita, alivia comprobar que en España existen organismos como el CESIC, de incuestionable (fuera de Cantabria) rigor y prestigio. Y tranquiliza saber que al frente del Ministerio de Cultura se encuentra una política que impondrá la sensatez, basándose en la opinión de los expertos. Porque de no ser así, más valdría que empezáramos con urgentes rogativas a san Lucas, patrón de los artistas, o a san Antonio, protector de los animales, para que nos conserven los bisontes cantabros de Altamira. Por muchos años, amén.

viernes, 15 de octubre de 2010

Reverdecer la Izquierda

Durante los últimos meses, la política nacional y de los países próximos se ha visto fuertemente condicionada por la crisis económica y financiera internacional. Un contexto en el que la izquierda no se ha encontrado cómoda. “Fracasa en capitalismo, y se hunde la izquierda. ¿Hay quién lo entienda?” se preguntaba “El Roto” en una de sus geniales viñetas. La necesidad de que los estados hayan tenido que salir con fondos públicos al rescate de entidades financieras privadas, y adoptar después duras medidas de restricción del gasto para tranquilizar un sistema financiero altamente especulativo, origen y causante de la propia crisis, es difícil de digerir desde posiciones progresistas.

Más aún al quedar en evidencia el estrecho margen de maniobra del que, aparentemente, disponen los gobiernos para aplicar políticas económicas propias, en un escenario fuertemente condicionado por las políticas comunes de la unión Europea y los mercados financieros internacionales. Algunas de las recetas aplicadas para la contención del gasto público han supuesto la gota que colma el vaso para los sindicatos, provocando la convocatoria de una huelga general.

La “melancolía” que recorre la izquierda contrasta con una cierta animación en la derecha, reavivada por los resultados de algunas encuestas de intención de voto. No conviene perder de vista sin embargo, que situaciones así se producen muchas veces por la abstención que se instala en el cuerpo social progresista, más que por los méritos propios de los conservadores. Ahí está Rajoy, con nula capacidad para generar ilusión o expectativas ciudadanas, pero manteniendo un nivel de fidelidad electoral digno de análisis. Por no hablar de la situación que se repite en Cantabria…

Como muy bien interpreta G. Lakoff “La gente no vota necesariamente por sus intereses. Votan por su identidad. Votan por sus valores. Votan por aquellos con quien se identifican” .Y en este sentido la derecha en España lleva ventaja : ha dispuesto de 40 años de dictadura para remachar un marco sólido de referencias a sus principios. Tal vez por ello, algunos de sus dirigentes más nítidamente reaccionarios, y enredados en evidencias de corrupción y financiación ilegal de su partido, pero que encajan a la perfección como garantes de los valores más conservadores no reciben, aparentemente, el repudio con la intensidad que sus comportamientos merecerían. El resultado general es sin embargo perverso: lejos de caer el peso del rechazo sobre los directos protagonistas de los comportamientos ilícitos, este se reparte entre toda la clase política, generando una gran desafección de la ciudadanía con la misma.

Sea como fuere, parece que los votantes de izquierda y progresistas son mucho más críticos y exigentes con sus líderes, al menos en España, que los votantes conservadores.

El Psoe ha evidenciado en los últimos gobiernos de Zapatero su nítido compromiso con la ampliación de los derechos sociales. Los avances en las políticas de igualdad de la mujer, de reconocimiento de derechos para los homosexuales, la ley del aborto, etc , son incontestables y no han tenido parangón en ningún otro momento de la historia de España. Sin embargo, en el caso de algunas de las últimas decisiones políticas adoptadas en el marco de la crisis, aunque intenten justificarse por la coyuntura, se ha percibido por algunos votantes progresistas como un distanciamiento de los valores propios, provocando un cierto desánimo entre la izquierda.

La presumible aparición en el panorama político español de un partido verde ha suscitado este verano considerable interés, y ha dejado en evidencia un importante flanco sin cubrir suficientemente por la izquierda. Si bien es cierto que no es la primera vez que en España aparecen partidos políticos “verdes”, en esta ocasión las circunstancias son algo distintas. Por primera vez los líderes de esta iniciativa son personas “reconocibles” dentro del ámbito ecologista, con dilatadas y valoradas trayectorias al frente de algunas de las más potentes organizaciones ecologistas de España. Además, la salida del gobierno de la ministra Cristina Narbona, y el difuminado perfil que ha ido adquiriendo desde entonces el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino ha provocado cierto desencanto en los ámbitos más sensibilizados con la conservación, que habían depositado muchas esperanzas en la política ambiental del primer gobierno de Zapatero.

En el barómetro del Julio del CIS, cuando se pregunta por la definición política a los encuestados, la opción ecologista (4,4%) es la cuarta mayoritaria, por detrás de socialista (18,1%), conservador (13,1%) y liberal (13,3%), situándose por encima de otras como nacionalista (3,8%) o feminista (1,4%). Pero además, resulta que como segunda opción, la ecologista es con diferencia la más elegida (5,1%) frente a las otras: socialdemócrata (3,8%) o conservador (2,0%).

Si se llegara a un escenario donde los grandes partidos no convencieran o ilusionaran suficientemente a su propio electorado, una opción ecologista podría quizá constituirse en una alternativa que captara votantes desencantados con sus opciones tradicionales.

No obstante, el apoyo real que en las urnas pueda tener una opción exclusivamente ecologista sigue siendo una gran incógnita. Lo que si parece fuera de dudas es la creciente preocupación de la sociedad española ante los temas ambientales.

La derecha, y en particular el PP, aunque repetidamente han intentado desarrollar actuaciones ambientalistas, sigue sin gozar de credibilidad en este campo, al revelarse dichas políticas, salvo honrosas excepciones, como meras realizaciones de escaparate. Ahí está, como paradigma del cinismo, el intento de construir la “Ciudad del Medio Ambiente” en Castilla y León, para lo cual se precisa destruir previamente un espacio de enorme valor ecológico. En el caso de Cantabria, tampoco parece que el regionalismo cántabro, equipado de un exiguo y además heterogéneo bagaje ideológico, pueda aspirar a ser un ejemplo en este campo.

La sensibilidad ecologista o conservacionista conecta mayoritariamente con opciones progresistas. “Los ecologistas no son de fiar- repetía hace años un alto cargo de la administración cántabra - porque son como las sandías: verdes por fuera y rojos por dentro”. Solamente la izquierda, y muy especialmente el PSOE, puede ser el referente en políticas de sostenibilidad, si logramos salvar viejos prejuicios que a veces han llevado a contraponer desarrollo y conservación. Sería triste que preocupados y ocupados en salir cuanto antes de la crisis económica, relegáramos el avance hacia la sostenibilidad a un segundo plano, porque precisamente será este último enfoque el que nos procure una salida a la actual situación. Recetas y medidas que pudieron ser eficaces a principio del Siglo XX, no sirven de igual manera en estos tiempos actuales. Ni siquiera en Cantabria, aunque sea infinita. Aquí, afortunadamente, tenemos por delante excelentes oportunidades para aplicar desde un gobierno progresista con competencias ambientales reunidas, un impulso nítido hacia un desarrollo sostenible, recogiendo además la demanda cada vez más extendida de hacer compatible el progreso y nuestro privilegiado entorno natural. Veremos.

martes, 9 de marzo de 2010

Un Pacto Regional para un cambio de modelo productivo

Hace apenas tres años nadie hubiera cuestionado un modelo de desarrollo que a los cántabros nos ha permitido alcanzar cotas de bienestar nunca antes conocidas. En los últimos años se ha producido un fuerte incremento del empleo, la renta per cápita ha aumentado, nuestras infraestructuras se han modernizado y hemos avanzado en la convergencia con Europa hasta superar la media en buena parte de los sectores.
Sin embargo, padeciendo en la actualidad las consecuencias de la crisis económica, aparecen de manera evidente las carencias de un modelo de desarrollo que ha fracasado en gran medida en el ámbito económico, en el ámbito social y en el ámbito ambiental. Un modelo que ha generado riqueza para muchos, pero que ha sumido en la miseria a gran parte de la humanidad, agigantando la diferencia entre las rentas más altas y las bajas. Un modelo ambientalmente insostenible, basado en el consumo indefinido y exponencial de unos recursos naturales limitados, y que está contribuyendo decisivamente a la mayor crisis ambiental de la historia: el cambio climático.
Ahora que algunos indicadores económicos sugieren que la crisis ha tocado fondo, y cuando los ultraliberales ya no recuerdan que hace escasos meses pedían la urgente intervención del estado en los mercados, sería un gravísimo error considerar la situación como un episodio cíclico más de los que ya hemos sufrido en nuestra historia. Es preciso comprender la necesidad de un profundo cambio estructural en nuestra economía y modelo de desarrollo, transitando desde ahora mismo hacia un modelo más sostenible, y actuando en los tres ámbitos de la sostenibilidad: el económico, el social y ambiental.
Frente al planteamiento profundamente conservador y arcaico que considera las cuestiones ambientales y de cohesión social como un obstáculo o inconveniente para el desarrollo y el crecimiento económico, debe imponerse otro modelo que se alimente y aproveche de ellos sabiendo encontrar ahí nuevas oportunidades y campos de expansión.
Los empleos verdes, ligados a la protección del medio ambiente, a la educación ambiental; a la gestión del suministro y depuración del agua; al reciclaje, reutilización y gestión de los residuos y por supuesto los vinculados al desarrollo de las energías renovables, se antojan como importantes generadores de empleo en el nuevo modelo económico. De igual modo los empleos blancos, consecuencia del desarrollo y ampliación de los derechos sociales tienen en España y Cantabria un gran potencial de crecimiento y requieren numerosa mano de obra. España es el país de la UE-15 que tiene un porcentaje menor de la población adulta trabajando en los servicios sociales del Estado del Bienestar, el 10,18%, frente al 14,93% de la UE-15 o el 23,8% de Suecia (Observatorio Social de España).
La Fundación Ideas, en su reciente informe “Ideas para una nueva economía” apunta que junto a sectores con gran potencial de crecimiento, como las TICs, la Biotecnología aplicada a distintos campos, o las Industrias Culturales (como la Universidad del español en Comillas) seguirán jugando un papel importante otros sectores tradicionales, que sin embargo deberán acometer una reorientación en esta fase de transición cuyo comienzo no se debe aplazar.
El ejemplo más claro es de la construcción. No se puede seguir construyendo vivienda nueva al ritmo y al precio que se estaba haciendo. Sin embargo, persiste una perentoria necesidad de viviendas para buena parte de la población, especialmente los jóvenes. En Santander, donde un mileurista tiene muy pocas posibilidades de encontrar una vivienda de alquiler, digna y asequible, y no digamos ya de comprarla, debería incentivarse la rehabilitación de edificios y la construcción y rehabilitación de viviendas de protección oficial.
El Gobierno de Cantabria está actuando en esta dirección en los últimos años, con numerosas medidas que sería prolijo enumerar en un artículo como este. Pero en el futuro inmediato, Cantabria debe despejar algunos grandes retos, como el modelo energético, apostando por la eficiencia energética (el consumo en España de toneladas equivalentes de petróleo por unidad de PIB es un 20% mayor que la media europea, y un 35% mayor que el de Alemania), y el desarrollo con determinación y definición programada de las energías renovables.
Queda pendiente aún pactar un modelo de uso del suelo. Después del avance histórico que supuso la aprobación en 2006 del Plan de Ordenación del Litoral (POL), la ordenación racional del territorio debe extenderse al resto de la región, para disponer definitivamente de un marco de ordenación que dé seguridad jurídica a los desarrollos urbanísticos e industriales, y garantice la conservación de los valores naturales, paisaje incluido.
La lucha contra el cambio climático debe convertirse en una prioridad que avance desde los planteamientos teóricos y comprometa firmemente a todas las administraciones, incluidas las locales, para acabar generando actividad económica. Sin olvidarnos del ámbito rural, al que no podemos condenar a una imparable despoblación, y donde habrá que pactar un específico y urgente plan de desarrollo sostenible.
A expensas de su desarrollo en un próximo artículo, el guión cántabro del cambio de modelo productivo podría resumirse en torno a los siguiente epígrafes: - La sustitución de los sectores en crisis (como la construcción) por nuevas actividades productivas. - El efecto de las energías renovables (eólica) sobre el desarrollo industrial y la innovación tecnológica. – Cómo transferir la innovación a las líneas concretas de producción. - El sector cántabro de la automoción y el coche eléctrico. - El empleo y la protección del medio ambiente. - Los empleos blancos y la ampliación de los derechos sociales. - El modelo territorial, el nuevo urbanismo y el Plan de construcción y rehabilitación. - Acuerdo para construir Ayuntamientos sostenibles, económica y ambientalmente.Estas y otras cuestiones, que dibujarán el futuro regional, no pueden acometerse con garantías de éxito sin el concurso de muchos. Parece conveniente pensar en un Pacto Regional para un cambio de modelo productivo, que comprometa al Gobierno, agentes sociales, sindicatos, agentes económicos, ayuntamientos y partidos, en torno al camino a seguir hacia una nueva y fortalecida economía de la región.

sábado, 23 de enero de 2010

¡¡Pero cuanta verdad!!

Hay cosas que permanecen actuales. Hay comportamientos políticos que por mucho que intenten disfrazarse, están al servicio de los mismos intereses de antaño. Siglo tras siglo, la derecha política española ha evolucionado muy poquito hasta nuestros días. ¡Que rémora! ¡Que gran lastre para la evolución y modernización de este país!

martes, 12 de enero de 2010

La asombrosa ligereza de la Sostenibilidad

Se habla de sostenibilidad con una trivialidad pasmosa.
De tanto utilizarse, el término corre el riesgo de ser asumido como una simple etiqueta de moda. Como ya ocurrió con otras palabras. Ecológico, natural, y ahora sostenible, pueden quedar reducidos a un sufijo añadido a la denominación de los yogures, de los pañales desechables, o incluso a las urbanizaciones en suelo rústico. Sin otra trascendencia ni significado que el trasmitir una imagen más actual, moderna y vendible. Una especie de capa que intenta buscar una aceptación pública del producto, mientras pretende tapar lo que no es otra cosa que más de lo mismo.

Hay que reconocer que la cuestión no es sencilla. Pasar de la teoría a los hechos constituye un reto formidable, porque aunque nos vamos convenciendo que no podemos seguir con este modelo de desarrollo, y que el cambio climático, consecuencia del mismo, es una amenaza real y letal, los intereses económicos y la visión a corto plazo siguen imponiéndose con demasiada frecuencia. Cuando hace unos meses las economías occidentales caían en picado, el reconocimiento de los errores y abusos cometidos por el ultraliberalismo económico eran tema recurrente de debate. Pero nada más empezar a vislumbrarse el final del túnel parece que todos los propósitos de enmienda se van diluyendo con la misma velocidad que se frena la recesión. El fracaso de la Cumbre de Copenhague no hace sino confirmar, a nivel internacional, el largo camino que queda por recorrer. La defensa de los intereses inmediatos de cada país prevalece de manera aplastante frente a modelos de desarrollo alternativo, basados en planteamientos más solidarios y sostenibles que, hoy por hoy, siguen considerándose utópicos.

Lo mismo ocurre a menor escala. Inmersos en la crisis, cualquier iniciativa que genere contratación, aunque sea poca y temporal, corre el riesgo de recibir de inmediato las bendiciones de todas las instancias, sin mayores consideraciones sobre los costes de la misma, entre otros, el ambiental, que vuelve a ser mirado más bien como un estorbo al desarrollo, y revela claramente qué poco han calado, cuando las circunstancias son complicadas, las reflexiones en torno al cambio de modelo productivo o a un futuro en equilibrio con nuestro planeta.

El concepto de sostenibilidad tiene un alcance que pocas veces se abarca. Se tratar ni más ni menos que de acometer un drástico y profundo cambio en la manera de producir y de plantear el desarrollo económico, social, y político. De cambiar las relaciones entre estados ricos y estados pobres. De poner al mismo nivel la economía y la ecología cuando de planificar proyectos e intervenciones se trate. De pensar en las repercusiones futuras cuando se acometen actuaciones, y no solamente en la rentabilidad económica inmediata de las mismas. De introducir el coste ambiental como una variable al menos tan ponderada como las económicas o de rentabilidad política a la hora de diseñar y valorar acciones.

En Cantabria hemos elaborado la Estrategia contra el Cambio Climático que compromete a todas las administraciones regionales en la adopción de medidas concretas y presupuestadas. Y en este mes iniciamos un amplio proceso de participación pública que culminará, este año, con la aprobación por el Consejo de Gobierno de la Estrategia de Desarrollo Sostenible, que debe establecer las líneas maestras para ese cambio de modelo de desarrollo tantas veces pregonado y tan pocas concretado. No hemos permanecido parados, pero hasta ahora hemos hecho lo más fácil. Lo complicado es poner en práctica, mediante acciones viables y generadoras de riqueza, los postulados teóricos.
Para todo ello es fundamental contar con un amplio respaldo social. La necesidad de actuar contra el cambio climático, o de introducir reformas en nuestra forma de crecimiento va calando en la sociedad, que siempre va por delante de los políticos, y muchísimo más por delante de las administraciones. Ese convencimiento colectivo, esa fuerza social, es el que moverá las políticas y forzará las reformas necesarias para progresar de forma sostenible.

Más vale que los políticos nos apliquemos cuanto antes a tejer acuerdos entre nuestros partidos, y a trabajar un profundo consenso social si queremos trascender del simple markting y la retórica, y acometer proyectos que empiecen a transformar el tejido productivo y la presente realidad social. Por ahí puede iniciarse un buen camino para construir una región más sostenible.