martes, 5 de julio de 2011

DEBATIR SIN HACER TRAMPAS

Desde la celebración de las Elecciones, el pasado 22 de mayo, en el seno del PSC -PSOE se han celebrado diferentes reuniones de los órganos de dirección, así como comparecencias públicas de los máximos dirigentes del Partido. Se trataba de analizar los resultados y lógicamente de trazar una guía para la acción política inmediata.

Como era de esperar, dados los lamentables resultados en las urnas, un importante bloque de militantes ha manifestado su contrariedad por los resultados y como en cualquier organización democrática que se precie, se han exigido responsabilidades a las personas que durante el pasado ciclo político, han dirigido los pasos del PSC.

La propuesta era clara y sobre todo sencilla: frente al desastre electoral, primero analizar las causas, segundo reorientar la estrategia y tercero elegir una dirección que sea creíble para los ciudadanos en esta nueva etapa. Y todo ello en la misma secuencia, fundamentalmente porque en pocos meses tendremos una nueva cita electoral, y a nuestro juicio debe ser la primera oportunidad para iniciar la recuperación electoral del Partido.

Pero no ha sido posible. En el PSC se quiere imponer una "hoja de ruta", sin más misterio ni contenido que prolongar la actual situación mientras se espera la llegada de tiempos más benévolos. Se rompe así una tradición ética del PSOE que va desde Almunia, Simancas o Montilla, hasta los tres candidatos a presidentes de las Juntas Generales en las diputaciones vascas. Y lo que es peor aún, acarrea un gravísimo retraso en la recomposición del partido e incrementa la situación de agonía que empieza a notarse en el mismo. No es creíble la constante apelación a la reflexión que se hace, sin presentar ni un papel, sin un documento, sin un informe, y sobre todo con las agrupaciones que se controlan cerradas a cal y canto.

No debemos permitir que en el tenso debate interno que se está produciendo en el PSC, nos hagamos trampas a nosotros mismos. Porque hacer trampas y jugar con los sentimientos de las personas es intentar que se confunda una lógica exigencia de responsabilidades políticas con un ataque personal. Los ataques personales y la descalificación gratuita deben ser desterrados de nuestro debate interno, pero la exigencia de responsabilidades no solo es política y éticamente inexcusable, sino que es condición indispensable para que nuestros mensajes sean creíbles por la ciudadanía.

Necesitamos lanzar un claro mensaje político a los cántabros. Y el mensaje más claro que podemos enviar actualmente es la renovación de la dirección del PSC – PSOE. En primer lugar porque no es posible una estrategia nueva si la desarrollan las mismas personas, en segundo lugar porque tenemos que lograr que los ciudadanos nos escuchen, algo que tal y como demuestran los resultados electorales no ocurre ahora mismo. Y en tercer lugar porque no es posible una política avanzada sin dirigentes creíbles.

Podemos y debemos reflexionar, pero para impulsar la acción, no para congelar el movimiento. Aunque a alguien le suene a rancio, la vieja receta de la izquierda de acción, reflexión, acción sigue siendo plenamente válida hoy, también en Cantabria, de tal manera que refugiarse en genéricas llamadas a la reflexión solo es una excusa para asaltar la buena fe de algunos.


Vivimos momentos muy duros para los ciudadanos y para los partidos de la izquierda. La gobernanza europea nos impulsa al monetarismo y la desprotección social. Las instituciones económicas y financieras nos conducen a un adelgazamiento del estado que de no pararlo, acabará con el estado de bienestar. El cambio climático ha desaparecido del debate público, mientras la crisis ambiental sigue agravándose. Y la política, tal y como la hemos conocido, tiene su popularidad bajo mínimos.

En Cantabria tenemos mayorías de la derecha en prácticamente todas las instituciones, y vamos a tener que competir electoralmente de nuevo contra el PP y contra el PRC. Y además vamos a enfrentarnos con un pensamiento que habla de deuda y despilfarro de las CC.AA., incluida la nuestra, cuando en realidad lo que se quiere imponer es la reducción de las prestaciones de los grandes servicios públicos, sanidad, educación, dependencia, defensa del medio ambiente,....cuestiones todas ellas que están en el fondo del gasto público regional.

Tenemos una ardua tarea por delante, somos el gran referente de los progresistas, y por lo tanto estamos obligados a ser honrados con nosotros mismos. No nos hagamos trampas, porque no hay tiempo que perder.

Martin Berriolope y Javier Garcia - Oliva