viernes, 15 de octubre de 2010

Reverdecer la Izquierda

Durante los últimos meses, la política nacional y de los países próximos se ha visto fuertemente condicionada por la crisis económica y financiera internacional. Un contexto en el que la izquierda no se ha encontrado cómoda. “Fracasa en capitalismo, y se hunde la izquierda. ¿Hay quién lo entienda?” se preguntaba “El Roto” en una de sus geniales viñetas. La necesidad de que los estados hayan tenido que salir con fondos públicos al rescate de entidades financieras privadas, y adoptar después duras medidas de restricción del gasto para tranquilizar un sistema financiero altamente especulativo, origen y causante de la propia crisis, es difícil de digerir desde posiciones progresistas.

Más aún al quedar en evidencia el estrecho margen de maniobra del que, aparentemente, disponen los gobiernos para aplicar políticas económicas propias, en un escenario fuertemente condicionado por las políticas comunes de la unión Europea y los mercados financieros internacionales. Algunas de las recetas aplicadas para la contención del gasto público han supuesto la gota que colma el vaso para los sindicatos, provocando la convocatoria de una huelga general.

La “melancolía” que recorre la izquierda contrasta con una cierta animación en la derecha, reavivada por los resultados de algunas encuestas de intención de voto. No conviene perder de vista sin embargo, que situaciones así se producen muchas veces por la abstención que se instala en el cuerpo social progresista, más que por los méritos propios de los conservadores. Ahí está Rajoy, con nula capacidad para generar ilusión o expectativas ciudadanas, pero manteniendo un nivel de fidelidad electoral digno de análisis. Por no hablar de la situación que se repite en Cantabria…

Como muy bien interpreta G. Lakoff “La gente no vota necesariamente por sus intereses. Votan por su identidad. Votan por sus valores. Votan por aquellos con quien se identifican” .Y en este sentido la derecha en España lleva ventaja : ha dispuesto de 40 años de dictadura para remachar un marco sólido de referencias a sus principios. Tal vez por ello, algunos de sus dirigentes más nítidamente reaccionarios, y enredados en evidencias de corrupción y financiación ilegal de su partido, pero que encajan a la perfección como garantes de los valores más conservadores no reciben, aparentemente, el repudio con la intensidad que sus comportamientos merecerían. El resultado general es sin embargo perverso: lejos de caer el peso del rechazo sobre los directos protagonistas de los comportamientos ilícitos, este se reparte entre toda la clase política, generando una gran desafección de la ciudadanía con la misma.

Sea como fuere, parece que los votantes de izquierda y progresistas son mucho más críticos y exigentes con sus líderes, al menos en España, que los votantes conservadores.

El Psoe ha evidenciado en los últimos gobiernos de Zapatero su nítido compromiso con la ampliación de los derechos sociales. Los avances en las políticas de igualdad de la mujer, de reconocimiento de derechos para los homosexuales, la ley del aborto, etc , son incontestables y no han tenido parangón en ningún otro momento de la historia de España. Sin embargo, en el caso de algunas de las últimas decisiones políticas adoptadas en el marco de la crisis, aunque intenten justificarse por la coyuntura, se ha percibido por algunos votantes progresistas como un distanciamiento de los valores propios, provocando un cierto desánimo entre la izquierda.

La presumible aparición en el panorama político español de un partido verde ha suscitado este verano considerable interés, y ha dejado en evidencia un importante flanco sin cubrir suficientemente por la izquierda. Si bien es cierto que no es la primera vez que en España aparecen partidos políticos “verdes”, en esta ocasión las circunstancias son algo distintas. Por primera vez los líderes de esta iniciativa son personas “reconocibles” dentro del ámbito ecologista, con dilatadas y valoradas trayectorias al frente de algunas de las más potentes organizaciones ecologistas de España. Además, la salida del gobierno de la ministra Cristina Narbona, y el difuminado perfil que ha ido adquiriendo desde entonces el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino ha provocado cierto desencanto en los ámbitos más sensibilizados con la conservación, que habían depositado muchas esperanzas en la política ambiental del primer gobierno de Zapatero.

En el barómetro del Julio del CIS, cuando se pregunta por la definición política a los encuestados, la opción ecologista (4,4%) es la cuarta mayoritaria, por detrás de socialista (18,1%), conservador (13,1%) y liberal (13,3%), situándose por encima de otras como nacionalista (3,8%) o feminista (1,4%). Pero además, resulta que como segunda opción, la ecologista es con diferencia la más elegida (5,1%) frente a las otras: socialdemócrata (3,8%) o conservador (2,0%).

Si se llegara a un escenario donde los grandes partidos no convencieran o ilusionaran suficientemente a su propio electorado, una opción ecologista podría quizá constituirse en una alternativa que captara votantes desencantados con sus opciones tradicionales.

No obstante, el apoyo real que en las urnas pueda tener una opción exclusivamente ecologista sigue siendo una gran incógnita. Lo que si parece fuera de dudas es la creciente preocupación de la sociedad española ante los temas ambientales.

La derecha, y en particular el PP, aunque repetidamente han intentado desarrollar actuaciones ambientalistas, sigue sin gozar de credibilidad en este campo, al revelarse dichas políticas, salvo honrosas excepciones, como meras realizaciones de escaparate. Ahí está, como paradigma del cinismo, el intento de construir la “Ciudad del Medio Ambiente” en Castilla y León, para lo cual se precisa destruir previamente un espacio de enorme valor ecológico. En el caso de Cantabria, tampoco parece que el regionalismo cántabro, equipado de un exiguo y además heterogéneo bagaje ideológico, pueda aspirar a ser un ejemplo en este campo.

La sensibilidad ecologista o conservacionista conecta mayoritariamente con opciones progresistas. “Los ecologistas no son de fiar- repetía hace años un alto cargo de la administración cántabra - porque son como las sandías: verdes por fuera y rojos por dentro”. Solamente la izquierda, y muy especialmente el PSOE, puede ser el referente en políticas de sostenibilidad, si logramos salvar viejos prejuicios que a veces han llevado a contraponer desarrollo y conservación. Sería triste que preocupados y ocupados en salir cuanto antes de la crisis económica, relegáramos el avance hacia la sostenibilidad a un segundo plano, porque precisamente será este último enfoque el que nos procure una salida a la actual situación. Recetas y medidas que pudieron ser eficaces a principio del Siglo XX, no sirven de igual manera en estos tiempos actuales. Ni siquiera en Cantabria, aunque sea infinita. Aquí, afortunadamente, tenemos por delante excelentes oportunidades para aplicar desde un gobierno progresista con competencias ambientales reunidas, un impulso nítido hacia un desarrollo sostenible, recogiendo además la demanda cada vez más extendida de hacer compatible el progreso y nuestro privilegiado entorno natural. Veremos.